Me gusta el cine. Así, como declaración de principios. Me gusta casi todo tipo de cine: el comercial de bombas, peleas y puñetazos; el de autor, de miradas laaaaaaaaaargas y escenas que aparentemente aburrirían al 95% de los espectadores medios; el español, con matices; el drama, la comedia... Hace años las salas de cine eran mi segunda casa. Desde la llegada de los multicines enanos, que fueron sustituidos por multicines gigantescos, poblados por fauna indeseable que no entiende el significado de la palabra silencio y que piensan que están en su casa, mi interés por ir a las salas decreció bastante. Ahora, con una pantalla maja en mi casa, un home cinema decentillo y un dvd, las salas las piso de pascuas a ramos. No es un problema de piratería, me encantaría acudir todas las semanas a ver los estrenos, pero no puedo, no quiero. Me niego.
Me niego a que cuatro niñatos se pongan a pegar voces durante una escena. A que se permita la entrada de productos crujientes. A que la señora que se metió a ver una comedia se encuentre con otra cosa que le aburre y no dude en promulgarlo a los cuatro vientos. Me niego a que la magia que antes se respiraba en una sala de cine se haya convertido en un corral de gallinas que van a comer maíz, mientras no dudan en comentar las mejores jugadas con su compañero de asiento a voz en grito.
De modo que cuando veo los avisos anti piratería y no veo los anuncios anti maleducados me hierve la sangre. Han perdido a un espectador, y no porque ahora me pueda ver las pelis gratis en mi casa en silencio, sino porque así no puedo verlas en el cine (en silencio, no gratis obviamente, aunque por algunas habría que cobrar para verlas y no pagar). Pero claro, la culpa de todo la tiene Yoko Ono.






2 comentarios:
Puede ser que te refieras a una sala en concreto llamada Kinépolis? Yo reconozco que esta sala me gusta por su comodidad, pero entro en el cine y salgo oliendo a cocina de restaurante mejicano, por no hablar de los 4 macarras de turno que se creen que valen las mismas gracias de banquito de barrio, a voz en grito en el cine.
Y no te quiero contar las superproducciones. Hasta el minuto 10 de la pelicula no te enteras de nada porque es un trajín de entrada y salida de masas con cubos de palomitas y Coca Colas, a precio de lomo ibérico, cuanto más grandes mejor, aunque luego el suelo del cine este lleno de las sobras de estos recipientes, que hay que entrar con zapatillas porque con zapatos te puedes dar un hostio...
Bueno, lo dejo, que últimamente me da por escribir unos ladrillos...
Puede, puede que me refiera a Kinepolis XDDDDD
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