Confieso que no uso el coche para trabajar. Confieso que soy un sufrido usuarios del transporte público madrileño. Y lo adelanto desde ya para que la conclusión de este comentario no genere confusiones. Procedamos.
Andando hoy por el Metro de Madrid (que ahora casi no uso, pero del que he sido asiduo durante muchísimos años) he podido ver unos anuncios que decían “¿Te imaginas un mundo sin coches?”. Acompañando el eslogan, unas fotos de un semáforo con un nido de pájaro; o una madre con su hijo en un aparcamiento desierto, en una de cuyas plazas había crecido el césped y, a su lado, habían colocado unos columpios. Todo muy poético y, cierto es, impactante y con un mensaje que cala rápido, aunque no sirva para nada más que para gastar el dinero de los contribuyentes.
Salgo del Metro y trato de coger un autobús. En la parada, 3 señoras mayores que dicen que llevan allí más de 10 minutos esperando. Poco a poco la parada comienza a llenarse de gente y más gente. A las 3 señores se une otro señor y otro, y una madre con un niño... y yo, que llevo allí ya otros 10 minutos (vamos, que el bus no pasaba desde hace 20) me empiezo a encabronar. De pronto veo uno a lo lejos. Bueno, ya está, me dije. Pero no. El bus en cuestión llevaba un cartelito que anunciaba “este autobús no admite viajeros”. El conductor miraba con miedo a la parada, atestada de gente, temiendo quizá que le tirasen alguna piedra.
Aburrido, decidí marcharme –más que nada porque por poco que tardase ya en aparecer, vendría lleno de gente y no hay cosa que más odie que ir como en un camión de ganado-. Mientras me alejaba de la parada, miraba furtivamente por si había tomado una mala decisión. Aún tardé otros 5 minutos en llegar a la boca de Metro y el dichoso bus no había ni aparecido por el horizonte. Ya tendría una frecuencia de 30 minutos. En pleno centro de Madrid. En pleno Alberto Aguilera. Y en una parada que sólo tiene un autobús disponible, que pasa por la Plaza de Colón y por Manuel Becerra (dos pulmones de movilidad en Madrid). Me subí al Metro y, cierto, tardó apenas unos segundos en llegar a un andén medio vacío. También hay que contar que no era hora punta.
Conozco mucha gente que no usa el autobús por el malísimo funcionamiento del 90% de sus líneas. Ello conlleva que se convierta en un transporte público dedicado casi en exclusiva a ancianos jubilados que no tienen prisa –afortunados ellos poder vivir en Madrid sin prisa-. Y conlleva también una sobresaturación del Metro, que acoge a miles de viajeros que podían decidirse por el autobús, pero que colapsan los trenes del subterráneo. Y todo ello conlleva que mucha gente sude del transporte público: El bus porque funciona mal. El Metro porque hay demasiada gente.
Así que ¿qué tal si en vez de hacer anuncios, les da por mejorar de una manera efectiva y real las alternativas al transporte privado? Porque yo, con su funcionamiento y saturación actuales, me imagino un mundo sin coches... y me da un pasmo. Imaginarme a todos esos conductores reconvertidos a masa y colapsando aún más los ya de por sí colapsados Metros me provoca escalofríos y es lo que me falta para, definitivamente, irme a vivir a un monte.
¿Un mundo sin coches? No, gracias.






3 comentarios:
Yo tengo suerte porque voy al curro en bus y normalemtne a la hora en qué lo hago no hay problemas...
yo sí cojo el coche para ir al trabajo. Y creo que el futuro no es la inexistencia de los coches. Si no ausencia de contaminación. Tecnologías que son actuales y perfectamente producibles en masa y que, sin embargo, no se han introducido. Yo tengo casi 40 km. hasta el trabajo. Y no podría ir en transporte público.
El metro de Madrid lo conozco bien. Es un ejemplo para el resto(siempre que funcione). Y creo que podría contar con las manos las veces que me he subido al autobús. No me parece práctico.
En Barcelona el uso y la frecuencia son los necesarios. Y en las horas punta el conductor tiene que saltarse paradas ante la imposibilidad de subir a más gente.
El futuro es trabajar en la periferia ;)
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