Recientemente me he comprado un ordenador portátil. Necesitaba un equipo que pudiese desplazarse conmigo allá donde vaya y que sea lo suficientemente potente como para ejecutar simultáneamente diversas aplicaciones que consumen bastantes recursos (word, bases de datos jurídicas, internet, correo electrónico, etc…) y que no me diese problemas de rendimiento.
Hasta aquí todo bien. El equipo funciona a las mil maravillas y todo va de lujo. Sin esperas. Rapidito. Vamos, lo que yo buscaba. Peeeroooo, aquí llega la madre de todas las desgracias: el bendito Windows Vista.
Aparte de que cada dos segundos está pidiendo que confirmes todo aquello que ya has aceptado previamente, la instalación de cualquier dispositivo externo supone una tortura. Primero fue la impresora. Ponte a buscar drivers que puedan servir para Vista, porque los que trae el CD de instalación, nanai. De modo que te compras una máquina que, supuestamente, va a funcionar sin problemas en tu nuevo PC… y no funciona. A peregrinar por la web de la impresora hasta que encuentras el driver adecuado. Y yo me pregunto ¿y la gente que no tiene internet? ¿Cómo coño lo instala?
Me ocurrió exactamente lo mismo con la Blackberry. De hecho ahora mismo me estoy descargando la nada desdeñable cifra de 250mb para poder usarla en mi Windows Vista porque el CD de instalación que trae el teléfono no contiene los drivers para que mi teléfono se “vea” a través de “Vista” (y perdón por el absurdo juego de palabras).
De modo que Vista, aparte de ser una fuente inagotable de chupar recursos, ha resultado ser un aliado perfecto para perder el tiempo tratando de conectar aparatitos a tu ordenador. Soy muy vago en estos temas y me da pánico formatear el equipo para meterle XP, sistema operativo que nunca me dio problema alguno (sí, es cierto, y llevo muchos años con él). Pero en una semana que llevo con Vista, mi consejo es mandarlo a la mismísima ...


















