Recuerdo cuando era pequeño que me encantaba ir a un bar que había cerca de mi casa a jugarme una partida a la máquina que allí tenían. Estaba cerca de la puerta y nos juntábamos un buen montón de chavales mirando y jugando. Siempre había alguno que era capaz, con 25 pesetas, de acabarse el juego (lo que les había costado nadie lo sabía, pero seguro que mucho más de lo que cuesta hoy un videojuego). Eran los que ponían sus iniciales en la tabla de records, esa a la que yo sólo accedía cuando traían algún juego nuevo.
Esa es otra, el día que cambiaban la máquina había verdadera expectación. Y es que mucho había costado dominar la que ya había como para tener que volver a empezar de nuevo. ¿Y si la que traían no nos gustaba? Lo cierto es que pocas veces pasó eso. Recuerdo con especial cariño el “Ghost’n’Goblins”, que conseguí acabarme tras muchos intentos. Y es que, entonces, los personajes no tenían vidas y vidas. Si te tocaban, estabas muerto. Y con sólo tres vidas tenías que rescatar a la princesa. Complicado de verdad. El que odié con toda mi alma fue el “Shinobi”: tú eras un ninja que tenía que enfrentarse a cientos de enemigos, a cada cual más complicado. Cada nuevo nivel era un desafío casi imposible. En el bar había dos que siempre se lo acababan. Era una gozada verles jugar durante media hora seguida sin casi pestañear. Yo no pasaba del tercer nivel ni a tiros.
Y eso era lo divertido. A lo mejor no tenías mucho dinero en el bolsillo –la mayoría de las veces- pero era todo un ritual ir a ver a otros niños. Los había muy buenos y otros muy malos. Pero allí nos juntábamos todos y luego, si se terciaba, nos íbamos a jugar a algo en la calle. Sí, en la calle. ¡¡Qué tiempos!!. Hoy, salvo excepciones, los niños ya no juegan en la calle. Aunque eso sería tema para otra entrada.
Hace ya algunos años descubrí un programa para ordenador que te permite reproducir con total fidelidad aquéllas máquinas de mi infancia. Se llama MAME, es gratuito y junto con otros archivos llamados Roms, puedes rememorar aquéllos tiempos sin gastarte ni un duro. Los juegos son exactamente los mismos, hasta tienes que echar monedas virtualmente para que funcionen. Aunque esta vez no hay que gastarse la pasta de verdad… y tampoco están tus amigos de entonces alrededor alentándote o echándose unas risas a tu costa. No todo puede ser perfecto. ¿no? MAME casi lo es. En esta dirección está todo lo que puedas pedir, aunque en el emule hay paquetes con cientos de juegos. Todo un hallazgo.













