miércoles 28 de mayo de 2008

Fin

Hubiese querido llegar a las 100 entradas. Hubiese querido tener un poco más de tiempo y un mucho más de ganas para llegar al centenar, pero no ha podido ser. El blog ha ido muriendo poco a poco (en mayo sólo he tenido tiempo de escribir una vez y con prisa) y es hora de quitarle la respiración artificial y dejar que el tiempo haga lo que tenga que hacer.

No significa un adiós, porque en mis cada vez más escasos ratos libres, procuraré seguir leyendo al pequeño círculo que tengo entre mis favoritos. Ahí sí que puedo decir que son todos los que están. Que no tenga tiempo para mí no quiere decir que no lo fabrique (ayss, quién tuviese una máquina de hacer tiempo) para los demás. Así que seguiremos, más o menos, en contacto.

Ha sido una gozada tener esos poquitos lectores fieles que dejaban su pequeño aporte a este pequeño blog. No buscaba cantidad, sino calidad y puedo atestiguar que la he tenido.

No hace falta decir más. Recen una oración por su alma. “Erga Homnes” ha muerto. Quién sabe si iniciaré otro proyecto cuando tenga tiempo. Hasta entonces, gracias por estar ahí. Si, tú, ese que lee, esto va por ti. “Gracias”.


martes 13 de mayo de 2008

Un estercolero llamado Madrid

Cuando un derecho se sobrepasa, se pierde. Sólo hay uno que no debe ser vulnerado nunca que es el derecho a la vida y a la integridad física. El resto tienen sus condicionantes, no son absolutos. A lo largo de la historia se han ido creando nuevos derechos que, poco a poco, han ido tomando la categoría de fundamentales (vida, libertad, expresión, etc) pero ni siquiera esos, los que tienen una especial protección por lo que representan, son intocables. ¿Y a qué viene esto? Se preguntarán muchos. A que hoy vengo cabreadito por culpa de la huelga de basureros que tenemos que soportar en Madrid.


Soy un firme defensor del derecho de huelga, siempre que se use correctamente y con sentido común. La huelga por que sí me parece una aberración, un uso perverso de un derecho que todos tenemos para defender nuestros intereses frente a los abusos de las empresas públicas o privadas. Cuando se usa para otra cosa, o cuando se hace un mal uso de la misma, el derecho se pierde, o se debería perder.


En Madrid esta mañana hemos amanecido en un estercolero. En mi calle se apilaban bolsas abiertas de basura (aunque los cubos sí los recogen, puesto que los trabajadores en huelga son los de limpieza de las calles), periódicos recortados por el suelo, palomas comiendo entre los desechos y paradas de autobús impracticables por estar, literalmente, y perdón por la expresión, llenas de mierda.


Esto no es casualidad. Es un acto deliberado de ensuciar las calles por aquéllos que están movilizándose. Su táctica: ensuciar cuanto más mejor para tener más fuerza a la hora de negociar. Y los que sufrimos ese ataque somos los de siempre. Los ciudadanos de a pie que cada día cogemos el autobús para ir a trabajar, que recorremos los barrios de la ciudad haciendo gestiones, los que tienen que llevar a los niños al colegio… En fin, los que cada día nos levantamos y, puteados dentro de una pequeña o mediana empresa, no tenemos fuerza ni oportunidad para hacer lo que ellos hacen. Pero esto no es una cuestión de “como yo no puedo ellos tampoco”. Ni mucho menos. Esto es una cuestión de salud pública.


¿Nadie quiere o puede entender que tener así una ciudad es peligroso para sus habitantes? ¿Es tan difícil comprender que los niños o los animales domésticos que salen a pasear se exponen a contraer enfermedades por culpa de la basura acumulada? No es una cuestión de imagen de la ciudad. Eso me importa un carajo. Lo grave es que estamos ante algo mucho peor. Y que, además, está buscado por aquéllos que deberían limpiarlo. Pero no pasa nada. Como están en huelga nadie puede limpiarlo, porque se vulneraría su derecho.


Y por ahí sí que no paso. El derecho de huelga tiene un inicio y un fin. Como todos los demás, tiene sus limitaciones (insisto, excepto el derecho a la vida), y éstas empiezan donde comienza el derecho de los ciudadanos a vivir en un ambiente más o menos sano, más o menos salubre. Lo que no es de recibo es que los mismos que ensucian las calles, que las dejan impracticables para los ciudadanos, sean los que pretendan que eso está bien y que es una forma de lucha obrera. Y una mierda!


Así que el tema es muy claro. El Ayuntamiento debería tomar cartas en el asunto. Expedientar a aquéllos trabajadores que han hecho un uso incorrecto de su derecho a la huelga y o bien obligar a su limpieza o bien buscar soluciones inmediatas para que las calles vuelvan a estar lo suficientemente limpias para que todos podamos circular por ellas. ¿Que eso perjudica a los que hacen la huelga? Pues que se lo hubiesen pensado antes de sobrepasar sus límites…